LA LEY DE CONTRATACIÓN DEL SECTOR PÚBLICO CONTRA EL DISEÑO

La complicada relación entre la Administración Pública y el diseño (gráfico, de uso, de producto, de experiencia) y la creatividad, en sus diversas aplicaciones a servicios de comunicación, tiene varias causas para ser tan problemática. Entre estas podemos destacar la Ley de Contratación del Sector Público, un sistema de contratación que no funciona para un sector y unas necesidades tan específicas como a las que hacemos referencia.

Los mecanismos de acceso que establece la LCSP impiden alcanzar muchas bolsas de talento, generan un ecosistema de empresas más especializadas en ganar concursos que en realizar un trabajo óptimo, se enfrenta con las peticiones históricas -y mundiales- del sector en cuanto al espinoso asunto del trabajo especulativo y trabaja bajo la sospecha permanente de la subjetividad de la capacitación técnica y la primacía de la objetividad de la oferta económica: una fórmula que funciona a la perfección para comprar la más conveniente remesa de tornillos pero que falla estrepitosamente a la hora de poder elegir, por ejemplo, la identidad más relevante, notoria y funcional.

La formula pública de emular las capacidades de maniobra de un anunciante privado serían el contrato artístico o el menor de adjudicación directa; unos mecanismos que saltan olímpicamente sobre los necesarios y valiosos principios rectores (igualdad, no discriminación y transparencia) de la LCSP. Por otro lado, los concursos abiertos son un mecanismo que resulta inútil en la mayoría de los casos porque no se adaptan a los plazos y necesidades, sino que obligan a que suceda al revés. En último término, tenemos los acuerdos marcos, que permiten cierta orfebrería administrativa que puede llegar a paliar, de alguna manera, las incompatibilidades entre contratación y necesidades/eficiencia en el ámbito del diseño, pero suelen ser soluciones innovadoras que dependen de la interpretación y el arbitrio de los órganos de intervención, no habitualmente cómodos con fórmulas innovadoras en lo licitatorio; razón por la que se convierten muchas veces en un parcheo que dura el tiempo que esté ese Acuerdo Marco vigente o ese equipo de intervención en el cargo.

Las asociaciones sectoriales de diseño y publicidad suelen adoptar una posición de combate cuando se produce algún resultado especialmente doloroso. Habitualmente, se traduce en pequeños incendios en redes sociales o cartas abiertas a la administración de turno. Creo que el trabajo a realizar debería consistir en una labor de lobby con los partidos políticos con presencia en el Congreso, que es el lugar de donde emanan las leyes y, por tanto, el problema del que hablamos. Es una labor más paciente, menos satisfactoria en el corto y medio plazo, y no siempre en el largo.

El problema no son los errores de bulto que surgen aquí o allá -eso nunca dejara de existir- sino la permanencia de una lluvia fina de resultados mediocres que no consiguen sus objetivos, el desaprovechamiento y la falta de oportunidades para el verdadero talento, la impedimenta para una solida cultura del diseño en nuestro país que, de darse la vuelta, se traduciría directamente en dígitos PIB por su capacidad sinérgica con los sectores industriales, financieros o de servicios, por sus resultados en diplomacia blanda o por la mejora y agilización de procesos -todos los que dependan de o se traduzcan en información, interacción y servicios- en la administración.
Merece la pena. El diseño tiene la capacidad de permearlo todo, para bien cuando es bueno, para mal cuando no.

Nacho Padilla

Director Creativo del Ayuntamiento de Barcelona