Un homenaje a las valientes y otro a los periódicos

Periodistas de referencia de la Asociación Navarra de Empresas de Comunicación como Javier Errea y Luis Garbayo, fundadores respectivamente de Errea Comunicación y KEN,  estrenaron el año publicando sendos libros. Cada uno se dejó llevar por sus pasiones y plasmaron en papel el duro trabajo que les ha ocupado estos dos últimos años de su prolífica carrera.

En el caso de Javier, el segundo volumen de ‘El diario o la vida. Una defensa a tiros del periodismo y de los periódicos’ es un recopilatorio de las entradas de su blog desde diciembre de 2015 a abril de 2018. Él es un verdadero creyente en el periodismo que busca historias y apuesta por el contenido sólido. “El periodismo necesita llaneros solitarios que resuelvan con coraje, cueste lo que cueste, no buenas palabras”, dice.

Como se muestra en su obra, sobre los periódicos y el periodismo puede hablar largo y tendido. En oposición a aquellos pesimistas que hablan del fin de la prensa en papel como si hubiera llegado el apocalipsis, Errea obstinadamente proclama que la letra impresa no está muerta, sino que se mantiene como un instrumento vital “para ayudar a construir sociedades democráticas adultas”. “Un periódico puede levantar ampollas, claro, y debe hacerlo, porque uno acomodado o adormecido es veneno“, continúa.

Prosigue su lección magistral explicando que el ingrediente que más necesitan en este momento es el periodismo: “Del bueno. Del que escuece. Del que informa. Del que da contexto”. Para la redacción declara que hace falta estar integrado en una organización  reconocida y reconocible, formar parte de una marca, de un todo con sentido y hasta con un estilo propio bien definido. “Un periodista por sí mismo no es una marca”, señala. “Yo creo en el valor de las marcas, en las escuelas periodísticas, en el prestigio construido durante años por generaciones de profesionales que van dejando un poso” y este, declara, “es el que hace falta y el único que sobrevivirá”.

Un nombre propio: María Lacunza

Hay historias sepultadas bajo años de indiferencia y silencio. Luis Garbayo, como diría Errea, decidió hace dos años ser un “llanero solitario” al encontrarse con una referencia a pie de página: María de Lacunza (Pamplona, 1900). Su estudio KEN Comunicación preparaba los doscientos años del Colegio de Abogados de Pamplona cuando reparó en la historia de esta mujer, una de las tres primeras abogadas navarras —junto a Matilde Huici y Julia Álvarez— de la que no se había publicado ninguna biografía.

“Esta mujer busca a alguien que cuente su historia”, debió pensar, y en esa labor se embarcó a través de su libro `Un momento en la luz´. Un relato apasionante de una rompehielos que nació en un momento histórico en el que no quisieron darle el sitio que por su tesón y conocimiento merecía.

Rescatar la ejemplar trayectoria de esta pionera muestra una vez más que los hombres y las mujeres necesitamos esas pequeñas grandes historias que nos gusta disfrutar poco a poco y que nos saben a más a poco que nos las cuenten bien contadas, como es el caso que nos ocupa.

En todo caso, nuestro agradecimiento y reconocimiento a ambos por las obras que han tenido a bien poner a nuestro alcance.